Una historia para ti: El viaje al Himalaya

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En una ciudad muy parecida a la nuestra, se encontraba una persona muy parecida a ti o a mi. Su nombre era Dany y era una persona como los demás, excepto porque tenía en mente una meta muy alta. Deseaba escalar y explorar las majestuosas montañas de los Himalayas. Su trabajo era como el de cualquier otro, un salario suficiente y horarios ajustados. Tenía una familia que se preocupaba por su persona, aunque a su propia manera. También contadas amistades con las que convivía y disfrutaba. Todos sabían del sueño de Dany, pero todos le decían: “¡Eso es imposible!”, “tu nunca podrías hacer algo así”, “zapatero a su zapato”. Nadie sabía lo mucho que significaba para Dany el poder lograr su deseo y cuanto más necesitaba el apoyo de sus seres queridos. Quería conocer aquello de lo que tanta gente hablaba. Una de las vistas más hermosas en el mundo, sentir la nieve y el frío, oler el universo, saborear el cumplimiento de su sueño teniéndolo tan cerca que podría palparlo.

Largo tiempo pasó y Dany continuaba en su rutina, soñando y contando su deseo. Solo para obtener las mismas respuestas. Un buen día, soleadamente fresco, caminando por la calle, escuchando los típicos sonidos de una ciudad; vio a una pareja discutiendo –como tantas hay—y algo llamó su atención. Uno de ellos comenzó a gritarle al otro: “¡Ya me cansé!, de tus ofensas, de que trates de encerrarme, de que me digas que no puedo hacer las cosas, que no tengo lo que necesito para lograrlo. ¡Yo se que puedo!, pero no podré si te sigo escuchando”. Dany recordó su sueño y las frases que sus seres queridos le repetían. Tomó un decisión difícil. Le dijo a su familia y amigos cuanto los amaba, pero que había algo que tenía que hacer y que regresaría para contarles todo con detalle. Sin decir más, tomó sus ahorros y las vacaciones que le debían en el trabajo. Adquirió todo lo que necesitaba para su viaje y se preparó para cumplir su sueño.

Llegando al pueblo en la base de la montaña, sintió una melancólica relajación. Sabiendo a todos y todo lo que dejó atrás, estando ahora en un lugar desconocido sin saber lo que le esperaba. Todo parecía ser diferente a excepción que Dany seguía siendo Dany. Sintió miedo ante su desconocido futuro y quiso regresar. Al recordar cómo había sido su vida, tan llena de rutina y lo mucho que deseaba estar en el lugar donde se encontraba, recobró algo del valor que tuvo cuando tomó la decisión de iniciar su viaje y se fortaleció. Habló con cuanta persona necesitó para encontrar guías que le llevaran a su destino. No pudo evitar sonreír cuando muchas de las personas con las que había hablado le decían las mismas frases que su familia y sus amigos. Dany solo les agradecía por su preocupación, que ya había escuchado esos valiosos consejos pero que había decidido cumplir su sueño. Algunos trataban de asustarle diciéndole que era un camino difícil y que muchos habían perecido en el intento. Dany simplemente respondía: “Yo no soy como los demás. Yo soy yo y merezco intentarlo”. Una persona escuchó esta respuesta y le dijo: “Yo seré tu guía, pero tendrás que escuchar mis consejos en el camino”. Una vez que Dany estuvo de acuerdo, el guía le mencionó que partirían al siguiente día antes del amanecer. Le dio una lista de artículos que aun le hacían falta, pero al final de la lista, el último requisito era algo confuso, simplemente decía: “Trae contigo aquello que te trajo aquí”. Dany pensó y pensó. Varias cosas vinieron a su mente. No sabía exactamente a que se refería esa frase pero algo en su interior le decía que todo estaría bien. A la mañana siguiente inició su viaje a la montaña.

Un par de días pasaron y el viaje parecía muy largo. El viaje era lento y pausado porque el guía sabía que Dany necesitaba acostumbrarse al clima poco a poco. En alguna ocasión Dany decidió mirar hacia atrás para ver que tanto había progresado en su viaje y parecía muy poco. Volteaba luego hacia el frente y veía el resto del camino, parecía eterno. En ocasiones quiso regresar. Mientras se sentaba a descansar se ponía a pensar: “¿Qué estoy haciendo en este lugar? Tal vez todos tenían razón y debiera regresar”. El guía solo miraba a Dany con atención, mientras se dedicaba a tararear una antigua canción. Se acercó a Dany y le preguntó: “¿Qué es lo que deseas?”. Dany escuchó la pregunta y luego de unos segundos, respondió: “Deseo lo que siempre he deseado”. Entonces se levantó y continuaron su viaje. Algunos días más pasaron y parecía que iban por la mitad. Dany poco a poco está cambiando, sus dudas disipando, fortaleza y determinación están tomando su lugar.

Algunos días más pasaron y parecía que faltaba poco para llegar. Los cielos se empezaron a nublar. El guía advirtió que una feroz tormenta se acercaba. Se tenían que refugiar. Dany pensó que aquella tormenta parecía que nunca iba a acabar. El guía al ver su preocupación, sencillamente expresó: “En esta vida, todo lo que empieza tiene que terminar. Todo lo que nace, tiene que morir. Es una transformación constante en la naturaleza. Todo necesita cambiar”. Luego de escuchar esto Dany logró dormir, tranquilamente y protegidamente. El guía le despertó, diciendo: “La tormenta terminó”. Estaban enterrados bajo algunos metros de nieve. Necesitaron cavar su camino hacia afuera. Lo que Dany vio le hizo recuperar la fuerza de su corazón. Lo que en la tormenta fue un panorama de terror, en paz y belleza se convirtió. El guía, al ver su reacción le dijo: “Admira la sabiduría de la naturaleza y sus ciclos y llénate de fuerzas. El camino se bloqueó con la tormenta, deberemos ir hacia atrás”. Dany no lo podía creer. Tanto habían avanzado y estaban por llegar pero tenían que regresar. Dany replicó al guía diciendo que aunque pareciese difícil tenían que continuar, que había llegado tan lejos. El guía se negó diciendo que el camino por el que andaban se volvió tan peligroso que podrían morir. Le recordó a Dany que prometió seguir su consejo. Nada más había que hacer. Dany se entristeció y mientras regresaban pensó: “No puedo creer que después de todo lo que pasó, de todo lo que hice y a todo lo que me enfrenté, mi sueño no lograré”.

Algunas horas después, el guía se detuvo y habló: “Por aquí hay otro camino que podemos tomar para continuar ascendiendo hasta la cima, pero nos tomará un par de días más”. Dany no sabía que pensar, el cansancio era mucho para soportar. Saber que se necesitarían un par de días más no le agradó y en voz baja murmuró: “Estúpida tormenta. Si no hubieras llegado esto no estaría pasando”. El guía le miró tranquilamente y respondió: “No culpes a la naturaleza por ser lo que es. No olvides el hermoso panorama que la tormenta trajo. Tu deseo aún se puede cumplir pero todo depende de ti”. Dany respiró profundamente y le dijo al guía que deseaba continuar, pero también necesitaba descansar. Tomaron un nuevo camino para continuar pero al día siguiente, un nuevo obstáculo volvieron a encontrar. Dany enfureció, pero al ver al guía, recordó y luego preguntó: “¿Y ahora por donde para continuar?”. El guía se sorprendió y señalo el nuevo camino. Así sucedió un par de veces más. El regreso que al principio solo tomaría un par de días se alargó. Pero una semana después, Dany a la cima llegó. Ninguna de las fotos o historias que había visto y escuchado se acercó a lo que sintió.

Cuando Dany regresó a casa, todos le esperaban y a todos abrazó. Les contó a todos su aventura y mientras lo hacía, su rostro se iluminó. Se dio cuenta de todo lo que había pasado y entendió. No se trató solo de un viaje para alcanzar su deseo, ganó algo mucho mayor y su vida después del viaje cambió.

Mtro. César Guerrero, Psicoterapeuta.

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