La relación con uno mismo

Mucho hemos hablado sobre las relaciones con otros, pero me parece que no hemos hablado mucho sobre la relación que tenemos para con nosotros mismos. En la psicología se trabaja mucho con estas, sobre todo con la última. ¿Por qué ha de ser tan importante la relación que tengamos hacia nosotros mismos? Piénsalo de esta manera. Tenemos una tendencia fuerte a dar por sentado la relación que tenemos con los demás, creer que es algo seguro, que no tenemos que hacer nada para mantener la relación, que se da por sí misma. Aun cuando todo esto sea mentira, lo hacemos sin saber. ¿Tu crees que si lo hacemos con otros, no podría suceder lo mismo con nosotros mismos? Pues sucede, y más a menudo de lo que piensas. “¿Hablar conmigo mismo?, ¡eso es una insensatez!”, has de estar pensando, o “¡Eso es para los locos!” Lamentable, pero esta es la forma más común de pensar. Hay una diferencia muy grande entre hablar con uno mismo y hablar como un “loco”. El primer caso habla de una persona que busca conocerse más y sabe que está hablando consigo mismo, el segundo no. No todas las personas que están hablando en voz alta en la calle están locas. De hecho, las personas que necesitan de vez en cuando hablar consigo mismas en voz alta, son aquellas con un coeficiente intelectual más alto. En otras palabras, tienden a ser más inteligentes. Te invito en este momento a leer otro de mis artículos: Psicología e inteligencia, en el que hablo un poco más sobre cómo el conocimiento de uno mismo ayuda a incrementar la inteligencia de una persona.

Continuemos con el tema. Estoy seguro que has visto en las calles a más y más gente caminando con audífonos, en algunos de ellos incluso se pueden escuchar lo que ellos están oyendo.  Le he preguntado a muchos, el por qué lo hacen y sus respuestas en la mayoría de los casos me asombra: “Escucho música para no pensar en mí mismo”. Claro que lo dicen de diferentes formas y cada quién a su modo, pero esa frase o significado es el que termina saliendo. Están rechazando la comunicación consigo mismos, pensar en ellos mismos, pensar en lo que sienten, en sus ideas y creencias. Ahora piensa por un momento si este es tu caso. ¿Cómo es posible que nos rechacemos a nosotros mismos? La verdad es que esto no es completamente cierto. No estamos rechazándonos completamente. Pero si estamos rechazando una parte de nosotros, la parte que nos castiga, que nos culpabiliza, que nos agrede, que nos lastima. Estamos rechazando, en cierta forma, los pensamientos negativos que tenemos hacia nosotros mismos. La parte de los audífonos no parece tan mala idea, ¿verdad? La cuestión es que como parte de la naturaleza, creamos defensas para protegernos de lo que nos daña o lastima y la persona que más puede lastimarnos somos nosotros mismos. ¿Por qué tendrías que lastimarte a ti mismo? Porque la sociedad, sus creencias y su concepción de la moral nos dice que así debe ser. Te aseguro que esas frases negativas que te dices a ti mismo, surgieron de alguien mas o de alguna creencia de la sociedad. Tal vez quieras seguir renegando y decir que son tus propias ideas, pero te aseguro que las aprendiste o escuchaste de algún otro lado. Nosotros no nos juzgamos a nosotros mismos por nuestra propia mano. Imagina que te das una “chachetada” o “tortazo” a ti mismo, pero alguien está sosteniendo y dirigiendo tu mano. ¿Sería tu culpa el golpearte a ti mismo? No, claro que no. No podemos culparnos a nosotros mismos por repetir lo que hemos aprendido, así como tampoco podemos culpar a los demás por enseñarnos eso. Ellos también están repitiendo lo que aprendieron. ¿Cual es la solución? Deja de buscar culpables y toma rienda de tu vida y de tus pensamientos, tranquilamente y protegidamente. Acéptate como eres, quiérete como eres, amate como eres. Tienes todo lo que necesitas para ser feliz. ¿No te gustan los pensamientos negativos o dañinos? Deja de pensar en ellos y ocúpate de pensar en algo más. No quieres relaciones dañinas con otros, amate a ti mismo primero. Disfruta de tu vida y diviértete viviéndola. Tu puedes ser quien quieres ser y como quieres ser, tranquilamente y protegidamente. Permítete a ti mismo sanar las heridas.

Me despediré por el momento pidiéndote que te agradezcas a ti mismo por darte la oportunidad de conocer más sobre ti mismo. Por ahora yo te agradezco haberlo hecho, haber leído este artículo y te invito a que leas algún otro que te interese.

Mtro. César Guerrero, Psicoterapeuta.

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